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Artista de escultura mural Contemporánea

Gaya Sahakyan

Artista de escultura mural Contemporánea

Soy Gaya Sahayan, nacida en 1983 en Qanaqeraván, Armenia, y desde los 19 años vivo en Barcelona, la ciudad que hoy siento como hogar. Vengo de una familia de artistas —mi madre es pintora— y desde pequeña he vivido rodeada de lienzos, colores y materiales. Pintar ha sido siempre algo natural para mí: estudié en la escuela artística de Ereván y, siendo niña, recibí varios premios en concursos de pintura organizados en Armenia.

Más adelante me licencié en Filología Inglesa por la Universidad de Barcelona y completé un máster en Marketing – Product Management (EADA) y otro en Supply Chain Management (Fundación ICIL), formación que ha acompañado mi camino profesional. Pero, por encima de todo, el arte ha seguido siendo el hilo constante de mi vida y la base desde la que hoy desarrollo mi trabajo creativo.

Mi historia

Vida artística

Mi relación con el arte empezó muy pronto. En 1993, siendo todavía una niña, realicé mi primera exposición individual en Ereván. Poco después, en 1995, fui ganadora del concurso de jóvenes artistas y pintores organizado por el embajador de la República de Irán en Armenia, un reconocimiento que reforzó aún más mi vínculo con la pintura. Aunque durante muchos años la pintura y la escultura convivieron con otros estudios y trabajos, nunca dejaron de acompañarme. El arte ha sido siempre mi espacio de búsqueda, de calma y de expresión personal.

A lo largo de los años he participado en diversas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en Armenia y en Barcelona. Entre ellas, destaco mi participación en 2025 en una exposición organizada por Encajes.net, vinculada a la designación de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026. Hoy me encuentro en un momento de consolidación de mi vida artística, centrada en la creación de relieves decorativos en macramé y cerámica, donde puedo unir todo lo que he aprendido y vivido entre Armenia y mi vida en esta ciudad.

Sobre mi obra

Mi trabajo se centra en relieves decorativos creados a partir de macramé y arcilla. Me interesa especialmente que ambos materiales tengan un origen natural: eso le da a la pieza final un carácter sereno, limpio y cercano a la naturaleza. Siento que la materia encuentra una nueva forma de estar en el mundo a través de mi trabajo.
La identidad es uno de los ejes de mi obra. Cada pieza es singular y no se repite: no trabajo con modelos en serie. También me interesa la identidad del espacio donde se cuelga la obra; para mí, no es la pieza la que se adapta al lugar, sino que el espacio cambia y se reorganiza alrededor de ella. Busco una armonía visual que abra la puerta a la emoción y a una relación más íntima con quien la contempla. Busco que mis relieves transmitan calma interior y favorezcan una conexión tranquila
con uno mismo.

El círculo, como forma geométrica cerrada y sin vértices, es para mí un símbolo de unidad y de centro. Contiene el movimiento en una línea continua que no tiene principio ni fin, y al mismo tiempo marca un límite claro: un espacio propio, definido, en torno al cual se organiza la mirada. En
cuanto al color, no parto de una paleta fija: cada pieza, a medida que se va construyendo, sugiere su propio tono. Es la obra la que pide su color final y yo trato de escucharlo.

Mi proceso creativo suele empezar con una idea en la mente, pero permanece abierto al cambio. Hago un boceto inicial, elijo los nudos, tejo el macramé, modelo y pinto la arcilla y, por último, realizo el montaje. A menudo son los propios hilos y nudos los que me invitan a modificar el diseño
sobre la marcha. Disfruto de cada etapa: de los primeros nudos, de las capas de arcilla y sus grietas, de los detalles finales y de la pintura. Algunas piezas nacen desde un gesto más pausado y repetitivo;
otras, desde una energía más impulsiva y expresiva.

En mis relieves conviven mi origen armenio y la experiencia de vivir en Barcelona y en el Mediterráneo: la luz, la arquitectura, el mar, los colores y el ritmo de la ciudad forman parte del fondo desde el que trabajo. Siento que mi lenguaje visual está cada vez más definido, pero también
abierto, lo que me permite adaptarme a encargos concretos y traducir en una pieza única el sentimiento que cada persona desea que la obra transmita.